Jaque a las ferias

El año 2020 será un año para olvidar o para retener en la memoria, según se mire. Olvidar, para centrarnos en el futuro; retener, para repensar y redefinir muchos de los parámetros que dábamos por válidos hasta ahora.

 

Con una realidad tocada, el lema renovarse o morir tiene ahora más sentido que nunca.

 

En el mundo de las ferias este ha sido uno de los eslóganes más empleados por los organizadores desde siempre. Un reto al que se ve ahora abocada una mayoritaria parte de nuestra economía.

 

Como director de Fira de Mollerussa y secretario de la Junta directiva de la Federació de Fires de Catalunya (FEFIC) quiero centrarme, sin embargo, en el sector ferial.

 

El pasado mes de noviembre, la presidenta de la FEFIC, la Coralí Cunyat hacía referencia -en el marco del 27º Congreso de Ferias de Catalunya- al impacto económico generado por el sector ferial en Catalunya y que, en términos generales, asciende a 7.000 millones de euros anuales, una cifra que este año se ha visto gravemente mermada ante la pandemia causada por la Covid-19. Según el estudio referido por Cunyat, durante el 2020 este impacto se ha reducido en un 93%, dejando así de generarse 6.500 millones de euros. 

 

En Lleida también se ha puesto de manifiesto esta parada de la actividad ferial con pequeños, medianos y emblemáticos certámenes que no han podido desarrollarse como estábamos acostumbrados y afectando todo el engranaje que ello supone: desde puestos de trabajo directos y servicios profesionales contratados como proveedores de estos eventos, el volumen de negocio generado directamente por las ventas cerradas por los expositores que participaban o en las economías locales, con empresas que han visto cómo han disminuido sus ingresos anuales ante la falta de estos acontecimientos . 

 

Así, y a pesar del clamor del sector por la celebración de convocatorias con la implementación de medidas que garantizaran la seguridad de expositores y visitantes, las ferias comerciales han sido uno más de los muchos sectores gravemente afectados con su suspensión y uno también de los ausentes en el plan de desescalada. 

 

Aplazamientos, suspensiones y / o adaptaciones al formato virtual han sido mayormente las sentencias para los certámenes feriales desde el pasado mes de marzo, quizás sin tener en cuenta una más que posible capacidad del colectivo ferial para desarrollar certámenes seguros para nuestros expositores y visitantes. 

 

En Mollerussa, y por poner un ejemplo, el sector automovilístico alcanzó el año 2019 en las tres ferias donde está presente (Fira de Sant Josep, Autotrac y Autotardor) un balance de 555 coches vendidos y un volumen de negocio de 11.955 .712 euros. Por el contrario, este 2020 estas cifras se han quedado a 0. 

 

La falta de actividad ferial de 2020 en Mollerussa, aunque pudimos adaptar y llevar a cabo el salón Expoclàssic, el Concurso de Pintura Rápida o, en formato virtual, la Mollerussa Lan Party y logrando una más que buena respuesta por parte de expositores y visitantes, la imposibilidad de realizar otras convocatorias previstas ha supuesto una pérdida en impacto indirecto anual estimado en 45 millones de euros, de los que 40 corresponden sólo a la cancelación de la Fira de Sant Josep a falta de una semana de su celebración y con buena parte del gasto ya hecho. 

 

Los organizadores feriales necesitamos la implicación de las administraciones para minimizar esta falta de actividad. La situación económica actual nos lleva a pedir -como ya ha hecho Fira de Mollerussa con el envío de cartas a diferentes departamentos del Gobierno a pesar de la falta de respuesta concreta hasta el día de hoy- líneas de ayuda directa para superar el impacto de la pandemia generada por la Covid-19. 

 

Esta falta de actividad no se debe a nuestra incapacidad ni a nuestra falta de voluntad para adaptar nuestros espacios e implementar las medidas que sean necesarias para hacer nuestras ferias seguras, menos aun cuando vemos cómo otros eventos que pueden ser considerados ferias-mercado o las superficies comerciales que puedan limitar los metros cuadrados y aplicar medidas de higiene y control han podido abrir sus puertas. 

 

Desde Mollerussa reclamamos una respuesta concreta; una implicación que sólo hemos visto en la Diputació de Lleida y en su compromiso con el territorio manteniendo sus aportaciones. No podemos permitir administraciones enmudecidas mientras las ferias están en jaque. 

 

Xavier Roure

Director de Fira de Mollerussa