mollerussa

Mollerussa cierra con satisfacción la 148 Fira de Sant Josep, con 153 expositores y más de 13.000 metros cuadrados de exposición

 

  • El 88% de las firmas manifiestan que volverán en el 2022 i el 50% afirman haber cubierto expectativas
  • Fira de Mollerussa cifra en más de 74.000 los visitantes que han pasado este fin de semana por el Recinto Ferial 
  • El presidente de la Generalitat y otros miembros del Gobierno Catalán han visitado y presidido los actos oficiales

La Fira de Sant Josep de Mollerussa (Lleida) celebró el pasado fin de semana del 4 al 6 de junio su 148ª edición, una convocatoria que no pudo celebrarse el año pasado por la pandemia y que este año, tras superar la incerteza de los últimos meses y decidir aplazar de forma excepcional de marzo a junio el certamen, ha cerrado sus puertas erigiéndose como la primera gran feria profesional y por su dimensión que se celebraba en Catalunya desde la pandemia por la Covid-19 y suponiendo, con su celebración, la reanudación de la actividad social y económica.

 

Así lo han constatado estos días los diferentes miembros del Gobierno catalán que se han desplazado a la ciudad leridana para presidir los diferentes actos protocolarios: el presidente Pere Aragonès, el sábado en el Dia de la Comarca; los consellers de Empresa y Trabajo y de Economía y Hacienda, Roger Torrent –encargado de inaugurar el certamen el viernes día 4- y Jaume Giró, respectivamente, y la consellera de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural, Teresa Jordà, el domingo en el acto de clausura. Añadir a éstas, la visita también de la consellera de Derechos Sociales de la Generalitat, Violant Cervera, así como la de la presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet.

 

El domingo día 6 por la tarda en el balance de la feria realizado ante los medios de comunicación, el alcalde de la ciudad y presidente de la entidad organizadora Fira de Mollerussa, Marc Solsona, se mostró satisfecho y orgulloso ante unas buenas cifras que subrayaban la envergadura del certamen agroalimentario, con 153 expositores y más de 13.000 m2. La entidad ferial estima en más de 74.000 los visitantes que a lo largo de los tres días han visitado el Recinto Ferial de la 148 Fira de Sant Josep y el 40º Salón del Automóvil.

 

Solsona hizo una valoración positiva, con parámetros diferentes a los de años anteriores al estar en una situación muy marcada a nivel sanitario, basada en las encuestas realizadas a los expositores participantes y donde el 88% de éstos pusieron de manifiesto su intención de volver en la edición del 2022, dato destacado por el alcalde por lo que significa a nivel de fidelización de las firmas, el hecho de que más del 60 % valoraran como bien o muy bien el certamen y el 50% que hayan afirmado haber cubierto las expectativas que se habían marcado a nivel de negocio.  

 

Añadir a estos datos el de aproximadamente el 60% de los expositores, de los 153 de este año, que participa en el certamen desde hace más de cinco años –el 47% desde hace más de diez–, dato que valoró el alcalde y a los que les dirigió un reconocimiento por su confianza en la feria.

 

Reanudación de la actividad económica

 

Durante estos días, los mensajes de los diferentes representantes de la Generalitat han coincidido en felicitar a la Fira de Mollerussa por la valentía y el esfuerzo que ha supuesto realizar el certamen así como en destacar su celebración como punto de salida en la reanudación de la actividad y la recuperación económica. En este sentido, el alcalde aludió también al parámetro intangible que supone la celebración del certamen en el ánimo colectivo.  

 

Jornadas Técnicas con temas de actualidad

 

Por otro lado, el certamen acogió un año más un programa de Jornadas Técnicas, sesiones que este año se realizaron vía telemática.

 

En total, en el marco de la feria se han llevado a cabo cinco jornadas, la primera de ellas celebrada el pasado mes de marzo, mientras que los días 4 y 5 de junio se realizaron cuatro con temas de actualidad e interés para el sector agroalimentario como fueron la implantación de energías renovables en el territorio, organizada por Unió de Pagesos; la gestión del impacto ambiental de las granjas de porcino intensivo, organizada por la Universidad de Lleida; las innovaciones técnicas en agricultura, del camp a la central, organizada por el IRTA, y la gestión correcta de una compraventa, organizada por JARC.

El año 2020 será un año para olvidar o para retener en la memoria, según se mire. Olvidar, para centrarnos en el futuro; retener, para repensar y redefinir muchos de los parámetros que dábamos por válidos hasta ahora.

 

Con una realidad tocada, el lema renovarse o morir tiene ahora más sentido que nunca.

 

En el mundo de las ferias este ha sido uno de los eslóganes más empleados por los organizadores desde siempre. Un reto al que se ve ahora abocada una mayoritaria parte de nuestra economía.

 

Como director de Fira de Mollerussa y secretario de la Junta directiva de la Federació de Fires de Catalunya (FEFIC) quiero centrarme, sin embargo, en el sector ferial.

 

El pasado mes de noviembre, la presidenta de la FEFIC, la Coralí Cunyat hacía referencia -en el marco del 27º Congreso de Ferias de Catalunya- al impacto económico generado por el sector ferial en Catalunya y que, en términos generales, asciende a 7.000 millones de euros anuales, una cifra que este año se ha visto gravemente mermada ante la pandemia causada por la Covid-19. Según el estudio referido por Cunyat, durante el 2020 este impacto se ha reducido en un 93%, dejando así de generarse 6.500 millones de euros. 

 

En Lleida también se ha puesto de manifiesto esta parada de la actividad ferial con pequeños, medianos y emblemáticos certámenes que no han podido desarrollarse como estábamos acostumbrados y afectando todo el engranaje que ello supone: desde puestos de trabajo directos y servicios profesionales contratados como proveedores de estos eventos, el volumen de negocio generado directamente por las ventas cerradas por los expositores que participaban o en las economías locales, con empresas que han visto cómo han disminuido sus ingresos anuales ante la falta de estos acontecimientos . 

 

Así, y a pesar del clamor del sector por la celebración de convocatorias con la implementación de medidas que garantizaran la seguridad de expositores y visitantes, las ferias comerciales han sido uno más de los muchos sectores gravemente afectados con su suspensión y uno también de los ausentes en el plan de desescalada. 

 

Aplazamientos, suspensiones y / o adaptaciones al formato virtual han sido mayormente las sentencias para los certámenes feriales desde el pasado mes de marzo, quizás sin tener en cuenta una más que posible capacidad del colectivo ferial para desarrollar certámenes seguros para nuestros expositores y visitantes. 

 

En Mollerussa, y por poner un ejemplo, el sector automovilístico alcanzó el año 2019 en las tres ferias donde está presente (Fira de Sant Josep, Autotrac y Autotardor) un balance de 555 coches vendidos y un volumen de negocio de 11.955 .712 euros. Por el contrario, este 2020 estas cifras se han quedado a 0. 

 

La falta de actividad ferial de 2020 en Mollerussa, aunque pudimos adaptar y llevar a cabo el salón Expoclàssic, el Concurso de Pintura Rápida o, en formato virtual, la Mollerussa Lan Party y logrando una más que buena respuesta por parte de expositores y visitantes, la imposibilidad de realizar otras convocatorias previstas ha supuesto una pérdida en impacto indirecto anual estimado en 45 millones de euros, de los que 40 corresponden sólo a la cancelación de la Fira de Sant Josep a falta de una semana de su celebración y con buena parte del gasto ya hecho. 

 

Los organizadores feriales necesitamos la implicación de las administraciones para minimizar esta falta de actividad. La situación económica actual nos lleva a pedir -como ya ha hecho Fira de Mollerussa con el envío de cartas a diferentes departamentos del Gobierno a pesar de la falta de respuesta concreta hasta el día de hoy- líneas de ayuda directa para superar el impacto de la pandemia generada por la Covid-19. 

 

Esta falta de actividad no se debe a nuestra incapacidad ni a nuestra falta de voluntad para adaptar nuestros espacios e implementar las medidas que sean necesarias para hacer nuestras ferias seguras, menos aun cuando vemos cómo otros eventos que pueden ser considerados ferias-mercado o las superficies comerciales que puedan limitar los metros cuadrados y aplicar medidas de higiene y control han podido abrir sus puertas. 

 

Desde Mollerussa reclamamos una respuesta concreta; una implicación que sólo hemos visto en la Diputació de Lleida y en su compromiso con el territorio manteniendo sus aportaciones. No podemos permitir administraciones enmudecidas mientras las ferias están en jaque. 

 

Xavier Roure

Director de Fira de Mollerussa